Conmemoraciones

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COLÓN ENCUENTRA UN CONTINENTE DESCONOCIDO

Travesías pioneras

Para valorar el episodio de Colón debemos recordar las travesías de los fenicios, romanos, cartagineses y vikingos, que por situaciones económicas, militares y políticas antes de Colón emprendieron más de un viaje. De igual manera, debemos tener presente que con la invención de la brújula, el papel y la imprenta, los deseos de conquistar nuevos territorios y acumular riquezas por parte de los viajeros italianos, portugueses y españoles se incrementaron notablemente y sirvieron de precedente a la empresa colombina.
Los recorridos de Colón, desde su juventud, como marinero y comerciante por las rutas del Mediterráneo y sectores cercanos del Atlántico, lo ayudaron a tener contactos con experimentados navegantes que con seguridad le hablaron de la existencia de tierras al otro lado del océano. También fortaleció su afán expedicionario al conocer sobre los viajes de Marco Polo y las teorías de Pierre d’ Ailli y Paolo Toscanelli.

Permanente búsqueda
Colón habló de llegar al Cipango (Japón) y a Catay (China) para abrir una ruta entre Europa y Asia, esta última llamada las Indias. Esto lo reafirmó pese a que ignoraba la existencia de un nuevo continente entre Europa y Asia, al navegar al oeste. Entre negativas y esperas como las del rey Juan II de Portugal, que conoció el proyecto en 1484, consiguió que en 1486 los frailes Juan Pérez y Antonio de Marchena, del convento de La Rábida, le alcanzaran una entrevista con Isabel y Fernando, monarcas católicos que primero descartaron la propuesta por los informes desfavorables de los consejeros y técnicos de la corte.

Las Capitulaciones
Tras infatigable persistencia, Colón aseguró la ayuda de los reyes españoles por medio de la firma de las Capitulaciones de Santa Fe, el 17 de abril de 1492, lograda por el triunfo de España sobre Granada luego de una guerra de algunos años. De acuerdo con las Capitulaciones, el genovés sería nombrado gobernador y virrey de los territorios que descubriese, con el grado de almirante. Otros premios, si triunfaba en su viaje, serían la concesión del monopolio del comercio indiano, con el 10% de los tesoros que encontrase.

Partida desde Palos
Finalizados los preparativos con los recursos de los reyes, Colón, los hermanos Pinzón y otros empresarios, la expidición salió el viernes 3 de agosto de 1492 desde el Puerto de Palos de Moguer, en la desembocadura del río Tinto, en la provincia de Huelva, en España. Una tripulación de casi cien hombres de origen vasco y andaluz en su mayoría, fue repartida en la nao al mando de Colón y las carabelas La Pinta, capitaneada por Martín Alonso Pinzón, y La Niña, que comandaba Vicente Yáñez Pinzón.
Después de una brevísima escala en la isla de Gomera (archipiélago de las Canarias), las naves se lanzaron a la travesía del Atlántico el 6 de septiembre de 1492. Durante las primeras semanas, hombres y naves no experimentaron problemas, pero después tanto la incertidumbre como el temor causaron los primeros estragos entre la marinería que, en actitud hostil, exigía volver a España.

¡Tierra a la vista!
Cuando la situación se tornó peligrosa para los líderes de la expedición, el reconfortante grito de ¡Tierra! ¡Tierra!, del vigía de La Pinta, Rodrigo de Triana o Juan Rodríguez Bermejo, alegró a los navegantes, quienes hasta en esos instantes calificaron la empresa como descabellada e inútil. Apenas amaneció, desembarcaron en la isla Guanahaní, en lengua de los naturales, pero bautizada como San Salvador. Actualmente es la pequeña isla de Watling, en el archipiélago de las Bahamas.
En los siguientes días, los viajeros exploraron el lugar de su llegada y las islas cercanas, que forman actualmente el archipiélago de las Antillas. Deseosos de hallar las sedas, especias y los perfumes prometidos, siguieron en sus visitas, pero aquello resultó infructuoso porque solo hallaron curiosos nativos, animales y plantas que resultaron raros a sus ojos y alguna pequeña muestra del oro que buscaban.
Sin desanimarse, los viajeros exploraron los alrededor de San Salvador y vieron zozobrar la nao Santa María en la Nochebuena del mismo año 1492. En la isla La Española se construyó el fuerte Navidad con los restos de la Santa María, cuyos tripulantes se quedaron allí porque no hubo cómo acogerlos en La Niña y porque La Pinta se alejó del grupo durante sus faenas de reconocimiento. En enero de 1493 el almirante retornó a España, que lo recibió con alborozo y natural curiosidad.
En su primera llegada, Colón tocó Cuba (Juana) y Santo Domingo o Haití (La Española). Y prácticamente se estableció una ruta bastante definitiva entre Europa y América (la ruta española de Indias); el almirante recibió los reconocimientos que le prometieron y que estaban contemplados en las Capitulaciones de Santa Fe, suscritas un año antes.

Otros viajes.

El almirante convenció a los reyes españoles para que patrocinaran nuevos viajes, que en efecto se realizaron en 1493, 1498 y 1502. Durante la segunda expedición Colón reconoció las Antillas Menores, Jamaica y Puerto Rico. En el tercer viaje ‘descubrió’ la costa continental, en la desembocadura del Orinoco (Venezuela); en el cuarto viaje exploró la costa de América Central.
Pero algunos acompañantes de Colón lo indispusieron ante el rey Fernando. La novedad surgió luego del tercer viaje, cuando se supo de la situación de La Española. El monarca ordenó la venida a América de Francisco de Bobadilla para que apresara a Colón y lo llevara de regreso a España. Gracias a la reina Isabel se rehabilitó a Colón y se lo apoyó para realizar en 1502 un cuarto viaje.
Corría el año 1504 cuando Colón, enfermo y nostálgico, emprendió su retorno a Europa, pues supo de la muerte de su protectora y amiga Isabel la Católica. En 1506, el almirante murió en Valladolid, sin saber con certeza que en 1492, por su empuje, visión y audacia marinera, llegó a otro continente, cuyo nombre debió ser el suyo, como lo han sostenido los historiadores del pasado y contemporáneos.


12 de octubre
EL MONTUBIO,

El historiador Willington Paredes Ramírez, al aclarar conceptos sobre quiénes son, cómo son y dónde están los montubios, detalla lo siguiente: “Son una etnia social, una cultura y una identidad regional de la costa tropical del Litoral del Ecuador. Son sociedades, comunidades y pueblos integrados por hombres, mujeres, niños y ancianos que hacen de la vida rural y agropecuaria su modo de vida. En ella se expresa lo que hacen cultural y simbólicamente”.

Un jinete muestra toda su destreza en la doma de potro, en el rodeo montubio de Salitre.
Constituyen una etnia porque los montubios participan de ciertas características y comparten, entre ellos, un conjunto de ideas, creencias, valores, hábitos, costumbres, normas, rituales, símbolos y un imaginario sociocultural que aceptan y reconocen como propios del hombre o mujer del campo. Los montubios son una cultura mestiza de la Costa ecuatoriana. Se configuran históricamente como una cultura porque se refiere a la forma de vida de toda sociedad.

Los montubios tienen su modo de vida, valores y rituales específicos y característicos que lo diferencian de otros grupos étnicos y sociales de la región y del país.

No constituyen una identidad y una etnia social reciente. Son una comunidad del área rural de la Costa que tiene más de 250 años de gestación, del siglo XVI al XVII, y de gran valor económico, social, político y cultural. Por eso son los habitantes e importantes agentes productivos y actores históricos de la vida social del agro del Litoral. Sin ellos ese agro y esa riqueza de la que todos disfrutamos no es posible.
Físicamente hay un estereotipo de cómo son los montubios. Sin embargo, este no deja ver que ellos son diversos: de piel clara, cobriza, con evidente muestra de ascendencia mulata, negra y chola. El montubio histórico, el tradicional, es el que monta caballo, burro o yegua. Los montubios actuales han incorporado la bicicleta como medio de transporte.

El montubio es un ser diverso por su apariencia física y por sus prácticas laborales, pero único por su modo de vida y su relación con la vida del monte, sus mitos, tradiciones, leyendas y valores. Sus tradiciones culturales son variadas. Espacial, geográficamente y demográficamente se ubican, asientan y concentran en la zona rural de la costa tropical del país. Preferentemente viven y desarro.

llan su particular modo de vida montubia en las provincias del Guayas, Manabí, Los Ríos, El Oro y la parte sur de Esmeraldas.

Social, étnica y culturalmente son la primera y más grande minoría de los mestizos de la Costa ecuatoriana. En los resultados censales no aparecen como una etnia social, sino como población rural.