GALERÍA DE HOMBRES DE OCTUBRE
El triunfo de la revolución de 1820 que logró la independencia de Guayaquil y repercutió para la total emancipación de la Presidencia de Quito, aglutinó a valerosos soldados de otras regiones de América, hacendados, comerciantes, miembros de la élite local a quienes se sumó un pueblo amante de la libertad que siempre ha sido protagonista de decisivas páginas de nuestra historia. Como ejemplo de ello aquí constan cinco luminosas figuras que gestaron el episodio de hace 188 años.
José Joaquín de Olmedo
Alma y nervio de la gesta, nació en Guayaquil, el 19 de marzo de 1780, y murió en su tierra natal el 19 de febrero de 1847. Estudió en Quito y en Lima; se graduó de doctor en jurisprudencia en la Universidad de San Marcos. De vuelta a su tierra natal, se incorporó a una activa labor política e intelectual. En unión del doctor Vicente Rocafuerte, representó a la Audiencia de Quito en las Cortes de Cádiz (España).
Trabajó por el triunfo revolucionario, aunque declinó con razonadas excusas la jefatura del movimiento cuando los dirigentes se la ofrecieron. Firmó el Acta de la Independencia y tras el éxito de los planes nacionalistas fue nombrado jefe político e impulsó ideas transformadoras en diferentes campos. Alentó a la División Protectora de Quito y las labores del Primer Congreso Constituyente de noviembre de 1820. Participó en futuras jornadas patrióticas.
José de Villamil
Nació en junio de 1788, en Nueva Orleans, Estados Unidos, y muy joven mostró simpatía por la causa independentista de los pueblos hispanoamericanos. Por esa labor sufrió persecuciones y estuvo a punto de ser fusilado. En 1815, en Puerto Príncipe, conoció a Simón Bolívar, quien lo motivó a seguir su loable acción. Radicado en Guayaquil, se casó con Ana Garaycoa y en 1820 colaboró decididamente con los revolucionarios.
En su hogar, donde estuvo la legendaria Fragua de Vulcano, se realizaron muchas reuniones de los patriotas. Firmó el Acta de la Independencia y fue comisionado para viajar en la goleta Alcance, el 11 de octubre, para darle la buena nueva del triunfo a San Martín. También peleó en Cone y Huachi. Estuvo presente en otros hechos. Murió en Guayaquil, en 1866.
José de Antepara
Relevante figura de la gesta octubrina. Animó a sus paisanos y simpatizantes para que no desmayen en la causa revolucionaria. Nació en Guayaquil, en marzo de 1770, y murió en los campos de Huachi, en 1821. Cuando estuvo en Europa entró en contacto con Francisco de Miranda, Simón Bolívar, José de San Martín, Bernardo O’ Higgins, entre otros.
Desplegó una ejemplar y orientadora labor periodística. Impulsó todos los planes por la liberación de la ciudad; protagonizó el episodio de la Fragua de Vulcano en casa de José de Villamil y acompañó a Luis Urdaneta en la toma del cuartel Daule. Fue miembro y secretario del Colegio Electoral, reunido en noviembre de 1820.
León de Febres-Cordero
Junto con sus paisanos y colegas de armas Miguel de Letamendi y Luis Urdaneta, llegó a nuestra ciudad en los precisos días en que los patriotas gestaban la revolución por la independencia de Guayaquil. Tomó parte en todos los planes y decisiones, lideró el asaltó a los cuarteles y consiguió afianzar la entrega a la causa de todos los involucrados.
Nació y murió en tierra venezolana (1796-1872). Actuó en la campaña libertadora del territorio quiteño y del Perú; estuvo al frente de la División Protectora de Quito en la Batalla de Camino Real (9 de noviembre de 1820). Bajo las órdenes de Simón Bolívar cumplió otras labores diplomáticas y castrenses.
Lorenzo de Garaycoa
Nació en Quito, en 1794, y murió en Yaguachi en 1880. En 1816 peleó junto con los coroneles Jacinto Bejarano y José Carbo Unzueta para la rendición del almirante Brown. Impulsó los planes emancipadores y en la noche del 8 al 9 de cotubre estuvo con Urdaneta y Paula Lavayen a la toma del cuartel Daule y de la batería de Las Cruces.
Acompañó a su cuñado José de Villamil en el viaje de la goleta Alcance para comunicar a José de San Martín el triunfo de la revolución guayaquileña. Tuvo el grado de coronel de los ejércitos de la república. Fue regidor en 1822.
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EL BOMBERO,
TESTIMONIO DEL VALOR Y LA FILANTROÍA DEL GUAYAQUIL
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Exaltar la trayectoria de la benemérita institución bomberil que es parte de la identidad de nuestra ciudad, es una oportunidad más para evocar la historia de la metrópoli que ha forjado su desarrollo al amparo de los valientes legionarios que siempre la defienden de su ancestral enemigo, el fuego. De allí que resulte cierta y valedera la afirmación de que no se puede hablar de Guayaquil y sus glorias, si no constan en esas páginas los bomberos. Así lo ratificó también el cronista vitalicio Modesto Chávez Franco al afirmar que “el bombero nació con Guayaquil, pues con Guayaquil nacieron sus incendios”.
En la historia del Benemérito Cuerpo de Bomberos de Guayaquil resultan familiares los nombres de Joaquín de Urquiza y José de Echanique; igualmente N. Junco, Francisco Díaz Bravo, Silvestre Villamar, Martín de Icaza y más visionarios personajes que durante los siglos XVII y XVIII, frente al peligro constante de los flagelos, concibieron la idea de estructurar la institución. En el siglo XIX, mientras la urbe continuaba presa de los incendios, gracias al Dr. Vicente Rocafuerte Bejarano surgió de manera reglamentaria y organizada el Cuerpo de Bomberos de Guayaquil. Esa inolvidable fecha fue el 10 de octubre de 1835.
Durante ese largo pero brillante proceso se evocan incontables compañías, como Tequendama N° 1, Diluvio N° 2, Guayas N° 3, Daule N° 4, Neptuno N° 5, Perseverancia, Santay, Unión, Sirena, Rocafuerte, Olmedo, Intrépida, Luzárraga y Avilés. Igualmente los depósitos Bolívar, Independencia, Nueve de Octubre, Sucre, Jefe Navarro, Ecuador, Belisario González, Aspiazu, Diez de Agosto, Abdón Calderón, Gómez Rendón, 24 de Mayo y, por supuesto, las legendarias Salamandra N° 2, Columna de Hacheros N° 13 y Salvadores N° 14, entre las pioneras y de reciente creación.
En cuanto a los jefes de la institución que legaron lecciones de ejemplar entrega constan Clemente Ballén, Antonio La Mota, Modesto Chávez Cora, Enrique Baquerizo Moreno, Isidro M. Suárez, Félix Luque Plata, Miguel G. Hurtado Aguilera, Geo Chambers Vivero, Alejandro Vergara, Eduardo López y Manuel Díaz Granados, Aurelio Carrera Calvo, Asisclo G. Garay, Juan Ycaza Laforgue, Julio César Rumbea, Genaro Cucalón Jiménez, Mario Vernaza Requena, Efrén A. Barreto Suástegui y Vicente Adum Antón.
Asimismo, Gabriel Gómez Sánchez, Manuel Marzo Arboleda, Vicente Ramón Roca Dañín, y muchos más oficiales como Gerónimo Avilés, Francisco Stagg, Isidoro Álava, Tulio Cañarte, Ruperto Arteta Lavalle, Andrés Arteta Montes, etcétera.
Como reconocimiento a la noble labor de la institución, cuyo lema es ‘Abnegación y Disciplina’ y que en la actualidad presenta una renovada estructura logística y recursos modernos para su labor, el 2 de agosto de 1926 el presidente provisional de la República, Isidro Ayora, decretó la creación del Día del Bombero para su celebración el 10 de octubre de cada año. En cambio, el Congreso Nacional, mediante decreto del 25 de octubre de 1930, le otorgó el título de Benemérito. Martín Cucalón de Ycaza ejerce la primera jefatura de BCBG y lo acompañan en su recomendable labor jefes de brigada y personal voluntario y rentado.
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